Los 850 millones de los ERE y las ideas zombis

Dice Paul Krugman, Nobel de Economía en 2008, que en la sociedad perviven algunas ideas a pesar de que hayan sido sobradamente refutadas. A estas ideas las llama ideas zombis, ya que deberían estar muertas pero en realidad siguen vivas, lo que solo se comprende, según el economista estadounidense, porque sirven a una intención política o apelan a una creencia milagrosa fuertemente arraigada. Y esto solo se explica, como sostiene el antropólogo Dr. Philips Stevens Jr., porque en nuestro cerebro hay una tendencia neurobiológica a dar prioridad al pensamiento mágico sobre la ciencia, la lógica o el pensamiento crítico.

Conscientes de esta debilidad mental, el mundo del marketing y la comunicación apelan frecuentemente a creencias e ideas que, careciendo de cualquier fundamento científico, sirven para vender desde una pulsera magnética contra la artrosis hasta un amuleto que te protege del mal de ojos. La ciencia y los datos evidencian que más allá del efecto placebo, ninguno de estos productos sirve para conseguir lo prometido, pero la inteligencia humana se aferra ciegamente a ellos porque el pensamiento mágico es más poderoso que el lógico.

Viene todo esto a cuento de una idea que ya forma parte del ideario colectivo español, y que también puede considerarse una idea zombi. Me refiero a la cifra de 850 millones de euros que la gran mayoría de españoles creen que se han malversado en Andalucía a cuenta de los ERE fraudulentos que instruye la jueza Alaya. Ese dinero –y esto es una certeza en términos absolutos– está en más de un 90 % en los bolsillos de los trabajadores prejubilados y de la Tesorería General de la Seguridad Social. El ‘fraude de los 850 millones’ es una idea zombi porque, aunque se ha demostrado que es falsa, sigue viva “en favor de una idea política”, como explica Krugman.

Probablemente, usted, lector, sea uno de los cientos de miles que participan de ella. ¿Por qué? Pues sencillamente porque es una idea que ya se ha instalado en el pensamiento mágico de los españoles del último trienio o, al menos, de esa inmensa mayoría acrítica que, además, ven en la jueza Alaya el símbolo más bello y valiente de la deseada lucha contra la corrupción en Andalucía, lo que les lleva a rechazar ciegamente toda información que ponga en tela de juicio cualquiera de sus actuaciones, da igual cuál sea.

Ellos se sienten bien así, y como forman una abrumadora mayoría, con su comodidad intelectual abonan inconscientemente el terreno donde crece y pervive la idea zombi. No es verdad que se hayan malversado 850 millones de euros, pero la conexión en el ideario colectivo de una figura atractiva e implacable como la jueza Alaya, con la legítima aspiración humana a erradicar la corrupción política en Andalucía se ha encargado de generar y apuntalar el pensamiento mágico de que todo lo que hace Alaya es incuestionable. Y aunque algunos abogados, jueces, economistas o periodistas evidencien con sus datos que no se han malversado 850 millones, la gente sigue pensando que sí. Por eso es una idea zombi.

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